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“Se ve sólo con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos.”
Antoine de Saint-Exupéry

 

La primera vez que cogí una cámara y amplié mi primera fotografía en blanco y negro tenía doce años.

Mis primeras víctimas fueron unos abuelitos que tallaban madera en un banco del parque. Lo de ver aparecer una imagen saliendo de la nada bajo tan sólo una ténue luz roja fue algo que llamó mi atención de niña curiosa. Desde aquel instante supe que quería ser fotógrafa. Eso u oceanógrafa.
Opción que llegó por ver demasiados documentales de Jacques Cousteau a muy temprana edad y que deseché pronto al descubrir que lo de viajar en barco y no marearme in extremis eran conceptos incompatibles.

No paré hasta que pude estudiar fotografía: extraescolares en el instituto, Escuela de Artes…  Al final me salí con la mía y me trasladé a Terrassa (Barcelona). Allí obtuve mi Graduado en Fotografía por la Universidad Politécnica de Cataluña.

¿Por qué fotógrafa de bodas?

En su día deseaba ser una intrépida fotoperiodista viajando por el mundo retratando otras culturas y , por esas cosas de la vida, me quedé en reportera de lo cotidiano.

Admito que he visto demasiadas comedias románticas y me considero una buscadora incansable de la belleza en las pequeñas cosas. Así que un día decidí contar y hacer especiales historias cercanas.

El caso es que quiero seguir viajando por el mundo.  Así que si os decidís a celebrar la fiesta de vuestra vida fuera de nuestras fronteras, sabed que estaré más que encantada de hacer mis maletas y poderos acompañar.

Siempre fui de perros y sin embargo comparto piso con dos gatos. Tienen nombres franceses porque Amélie seguirá siendo por los siglos de los siglos mi película favorita.  Adoro París y me encantaría parler parfaitement en français.

Desde hace tres años, desayuno devorando blogs de boda. No puedo vivir sin música y  entre mis pequeñas manías se encuentra la de crear playlists mientras edito. Es posible que sea un poquito adicta a Instagram y Pinterest.
Me pirra la comida japonesa,  los objetos de otra época, la ilustración, reconozco tener una pequeña obsesión con los ciervos, la filosofía DIY (hazlo tú mismo) y el mundo craft.
Adoro la fotografía y me considero afortunada por haber hecho de mi gran pasión mi profesión.
Pero lo mejor de todo, eso que no tiene precio, es ver cómo al menos por un instante, puedes hacer feliz a alguien con tus imágenes. Eso es lo más.